O propósito deste blog é o de mostrar o trabalho do ilustrador,independente das regras impostas pelo mercado,nas quatro disciplinas praticadas por mim, em diferentes momentos e veículos: A Caricatura na Imprensa,A Ilustração na Imprensa,A Ilustração Editorial e O Poema Ilustrado. Também são mostradas modalidades diferentes das mesmas propostas como: Montagens das exposições e a revalorização do painel mural, através das técnicas de reprodução digital em baner.
quarta-feira, 26 de novembro de 2014
terça-feira, 25 de novembro de 2014
LA CÓLERA QUE QUIEBRA
AL HOMBRE EN NIÑOS...
La cólera que quiebra al hombre en niños,
que quiebra al niño, en pájaros iguales,
y al pájaro, después, en huevecillos;
la cólera del pobre
tiene un aceite contra dos vinagres
La cólera que al árbol quiebra en hojas,
a la hoja en botones desiguales
y al botón, en ranuras telescópicas;
la cólera del pobre
tiene dos rios contra muchos mares.
La cólera que quiebra al bien en dudas,
a la duda, en tres arcos semejantes
y al arco, luego, en tumbas imprevistas;
la cólera del pobre
tiene un acero contra dos puñales.
La cólera que quiebra al alma en cuerpos,
al cuerpo en órganos desemejantes
y al órgano, en octavos pensamentos
la cólera del pobre
tiene un fuego central contra dos cráteres.
César Vallejo
AL HOMBRE EN NIÑOS...
La cólera que quiebra al hombre en niños,
que quiebra al niño, en pájaros iguales,
y al pájaro, después, en huevecillos;
la cólera del pobre
tiene un aceite contra dos vinagres
La cólera que al árbol quiebra en hojas,
a la hoja en botones desiguales
y al botón, en ranuras telescópicas;
la cólera del pobre
tiene dos rios contra muchos mares.
La cólera que quiebra al bien en dudas,
a la duda, en tres arcos semejantes
y al arco, luego, en tumbas imprevistas;
la cólera del pobre
tiene un acero contra dos puñales.
La cólera que quiebra al alma en cuerpos,
al cuerpo en órganos desemejantes
y al órgano, en octavos pensamentos
la cólera del pobre
tiene un fuego central contra dos cráteres.
César Vallejo
UN HOMBRE PASA CON UN PAN
AL HOMBRO...
Un hombre pasa con un pan al hombro
Voy a escribir, después, sobre mi doble?
Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila,
mátalo
Con qué valor hablar del psicoanálisis?
Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
Hablar luego de Sócrates al médico?
Un cojo pasa dando el brazo a un niño
Voy, después, a leer a André Breton?
Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
Cabrá aludir jamás al Yo profundo?
Otro busca en el fango huesos, cáscaras
Como escribir, después, del infinito?
AL HOMBRO...
Un hombre pasa con un pan al hombro
Voy a escribir, después, sobre mi doble?
Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila,
mátalo
Con qué valor hablar del psicoanálisis?
Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
Hablar luego de Sócrates al médico?
Un cojo pasa dando el brazo a un niño
Voy, después, a leer a André Breton?
Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
Cabrá aludir jamás al Yo profundo?
Otro busca en el fango huesos, cáscaras
Como escribir, después, del infinito?
Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
Innovar, luego, el tropo, la metáfora?
Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
Hablar, después, de cuarta dimensión?
Un banquero falsea su balance
Con que cara llorar en el teatro?
Un paria duerme con el pie a la espalda
Hablar, después, a nadie de Picasso?
Alguién va en un entierro sollozando
Como luego ingresar a la Academia?
Alguien limpia un fusil en su cocina
Con qué valor hablar del más allá?
Alguien pasa contando con sus dedos
Como hablar del no-yo sin dar un grito?
César Vallejo
Innovar, luego, el tropo, la metáfora?
Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
Hablar, después, de cuarta dimensión?
Un banquero falsea su balance
Con que cara llorar en el teatro?
Un paria duerme con el pie a la espalda
Hablar, después, a nadie de Picasso?
Alguién va en un entierro sollozando
Como luego ingresar a la Academia?
Alguien limpia un fusil en su cocina
Con qué valor hablar del más allá?
Alguien pasa contando con sus dedos
Como hablar del no-yo sin dar un grito?
César Vallejo
HOY LE HA ENTRADO UNA
ASTILLA...
Hoy le ha entrado una astilla.
Hoy le ha entrado una astilla cerca, dándole
cerca, fuerte, en su modo
de ser y en su centavo ya famoso.
Le ha dolido la suerte mucho,
todo;
le ha dolido la puerta,
le ha dolido la faja, dándole
sed aflixión
y sed del vaso pero no del vino.
Hoy le salió a la pobre vecina del aire,
a escondidas, humareda de su dogma;
hoy le ha entrado una astilla.
La inmensidad persíguela
a distancia superficial, a un vasto eslabonazo.
Hoy le salió a la pobre vecina del viento
en la mejilla, norte, y en la mejilla, oriente;
hoy le ha entrado una astilla.
Quién comprará, en los dias perecederos, ásperos,
un pedacito de café con leche,
y quién, sin ella, bajará a su rastro hasta dar luz?
Quién será, luego, sábado, a las siete?
Tristes son las astillas que le entram
a uno,
exactamente ahí precisamente!
Hoy le entró a la pobre vecina del viaje,
una llama apagada en el oráculo,
hoy le ha entrado una astilla.
Le ha dolido el dolor, el dolor joven,
el dolor niño, el dolorazo, dándole
en las manos
y dándole sed, aflixión
y sed del vaso, pero no del vino.
La pobre pobrecita!
César Vallejo
ASTILLA...
Hoy le ha entrado una astilla.
Hoy le ha entrado una astilla cerca, dándole
cerca, fuerte, en su modo
de ser y en su centavo ya famoso.
Le ha dolido la suerte mucho,
todo;
le ha dolido la puerta,
le ha dolido la faja, dándole
sed aflixión
y sed del vaso pero no del vino.
Hoy le salió a la pobre vecina del aire,
a escondidas, humareda de su dogma;
hoy le ha entrado una astilla.
La inmensidad persíguela
a distancia superficial, a un vasto eslabonazo.
Hoy le salió a la pobre vecina del viento
en la mejilla, norte, y en la mejilla, oriente;
hoy le ha entrado una astilla.
Quién comprará, en los dias perecederos, ásperos,
un pedacito de café con leche,
y quién, sin ella, bajará a su rastro hasta dar luz?
Quién será, luego, sábado, a las siete?
Tristes son las astillas que le entram
a uno,
exactamente ahí precisamente!
Hoy le entró a la pobre vecina del viaje,
una llama apagada en el oráculo,
hoy le ha entrado una astilla.
Le ha dolido el dolor, el dolor joven,
el dolor niño, el dolorazo, dándole
en las manos
y dándole sed, aflixión
y sed del vaso, pero no del vino.
La pobre pobrecita!
César Vallejo
ANDE DESNUDO, EN PELO,
EL MILLONARIO!...
Ande desnudo, en pelo, el millonario!
Desgracia al que edifica con tesoros su lecho de
muerte!
Un mundo al que saluda;
un sillón al que siembra en el cielo;
llanto al que da término a lo que hace, guardando los
comienzos;
ande el de las espuelas;
poco dure muralla en que no crezca otra muralla;
dése al mísero toda su miseria,
pan, al que ríe;
hayan perder los triunfos y morir los médicos;
haya leche en la sangre;
añádase una vela al sol,
ochocientos as veinte;
pase la eternidad bajo los puentes!
Desdén al que viste,
corónense los pies de manos, quepan en su tamaño;
siéntese mi persona junto a mi!
Llorar el haber cabido en aquel vientre,
bendición al que mira aire en el aire,
muchos años de clavo al martillazo;
desnúdese al desnudo,
vístase de pantalón la capa,
fulja el cobre a expensas de sus láminas,
majestad al que cae de la arcilla al universo,
lloren las bocas, giman las miradas,
impídase al acero perdurar,
hilo a los horizontes portátiles,
doce ciudades al sendero de piedra,
una esfera al que juega con su sombra;
un dia hecho de una hora, a los esposos;
una madre al arado en loor al suelo,
séllense con dos sellos a los líquidos,
pase lista al bocado,
sean los descendientes,
sea la codorniz
sea la carrera del álamo y del árbol;
venzan, al contrario del círculo, el mar a su hijo
y a la cana el lloro;
dejad las áspides, señores hombres,
surcad la llama con los siete leños,
vivid,
elévese la altura,
baje el hondor más hondo,
conduzca la onda su impulsión andando,
tenga éxito la tregua en la bóveda!
Muramos;
lavad vuestro esqueleto cada día;
no me hagais caso,
una ave coja al déspota y a su alma;
una mancha espantosa, al que va solo;
gorriones al astrónomo, al gorrión, al aviador!
Lloved, solead,
vigilad a Júpiter, al ladrón de ídolos de oro,
copiad vuestra letra en tres cuadernos,
aprended de los cónjugues cuando hablan, y
de los solitarios, cuando callan;
dad de comer a los novios,
dad de beber al diablo en vuestras manos,
luchad por la justicia con la nuca,
igualaos,
cúmplase el roble,
cúmplace el leopardo entre dos robles,
seamos,
estemos,
sentid cómo navega el agua en los océanos,
alimentaos,
concíbase el error, puesto que lloro,
acéptese, en tanto suban por el risco, las cabras y sus
crías;
desacostumbrad a Dios a ser un hombre,
creced...!
Me llaman. Vuelvo.
César Vallejo
EL MILLONARIO!...
Ande desnudo, en pelo, el millonario!
Desgracia al que edifica con tesoros su lecho de
muerte!
Un mundo al que saluda;
un sillón al que siembra en el cielo;
llanto al que da término a lo que hace, guardando los
comienzos;
ande el de las espuelas;
poco dure muralla en que no crezca otra muralla;
dése al mísero toda su miseria,
pan, al que ríe;
hayan perder los triunfos y morir los médicos;
haya leche en la sangre;
añádase una vela al sol,
ochocientos as veinte;
pase la eternidad bajo los puentes!
Desdén al que viste,
corónense los pies de manos, quepan en su tamaño;
siéntese mi persona junto a mi!
Llorar el haber cabido en aquel vientre,
bendición al que mira aire en el aire,
muchos años de clavo al martillazo;
desnúdese al desnudo,
vístase de pantalón la capa,
fulja el cobre a expensas de sus láminas,
majestad al que cae de la arcilla al universo,
lloren las bocas, giman las miradas,
impídase al acero perdurar,
hilo a los horizontes portátiles,
doce ciudades al sendero de piedra,
una esfera al que juega con su sombra;
un dia hecho de una hora, a los esposos;
una madre al arado en loor al suelo,
séllense con dos sellos a los líquidos,
pase lista al bocado,
sean los descendientes,
sea la codorniz
sea la carrera del álamo y del árbol;
venzan, al contrario del círculo, el mar a su hijo
y a la cana el lloro;
dejad las áspides, señores hombres,
surcad la llama con los siete leños,
vivid,
elévese la altura,
baje el hondor más hondo,
conduzca la onda su impulsión andando,
tenga éxito la tregua en la bóveda!
Muramos;
lavad vuestro esqueleto cada día;
no me hagais caso,
una ave coja al déspota y a su alma;
una mancha espantosa, al que va solo;
gorriones al astrónomo, al gorrión, al aviador!
Lloved, solead,
vigilad a Júpiter, al ladrón de ídolos de oro,
copiad vuestra letra en tres cuadernos,
aprended de los cónjugues cuando hablan, y
de los solitarios, cuando callan;
dad de comer a los novios,
dad de beber al diablo en vuestras manos,
luchad por la justicia con la nuca,
igualaos,
cúmplase el roble,
cúmplace el leopardo entre dos robles,
seamos,
estemos,
sentid cómo navega el agua en los océanos,
alimentaos,
concíbase el error, puesto que lloro,
acéptese, en tanto suban por el risco, las cabras y sus
crías;
desacostumbrad a Dios a ser un hombre,
creced...!
Me llaman. Vuelvo.
César Vallejo
VINIERE EL MALO, CON UN TRONO
AL HOMBRO...
Viniere el malo, con un trono al hombro
y el bueno, a acompanhar al malo a andar;
dijeren "si" el sermón, "no" la plegaria
y cortare el camino en dos la roca...
Comenzare por monte la montaña,
por remo el tallo, por timón el cedro
y esperaren doscientos a sesenta
y volviere la carne a sus tres títulos...
Sobrase nieve en la noción del fuego
se acostare el cadáver a mirarnos,
la centella a ser trueno corpulento
y se arquearen los saurios a ser aves...
Faltare excavación junto al estiércol,
naufragio al río para resbalar,
cárcel al hombre libre, para serlo,
y una atmósfera al cielo, y hierro al oro...
Mostrarem disciplina, olor, las fieras,
se pintare el enojo de soldado,
me dolieren el junco que aprendí,
la mentire que infectamé e socórreme...
Sucediere ello así y así poniéndolo,
con qué mano despertar?
con qué pié morir?
con qué ser pobre?
con que voz callar?
con cuánto comprender, y, luego, a quien?
No olvidar ni recordar
que por mucho cerrarla robáronse la puerta
y de sufrir tan poco estoy muy resentido,
y de tánto pensar, no tengo boca.
César Vallejo
AL HOMBRO...
Viniere el malo, con un trono al hombro
y el bueno, a acompanhar al malo a andar;
dijeren "si" el sermón, "no" la plegaria
y cortare el camino en dos la roca...
Comenzare por monte la montaña,
por remo el tallo, por timón el cedro
y esperaren doscientos a sesenta
y volviere la carne a sus tres títulos...
Sobrase nieve en la noción del fuego
se acostare el cadáver a mirarnos,
la centella a ser trueno corpulento
y se arquearen los saurios a ser aves...
Faltare excavación junto al estiércol,
naufragio al río para resbalar,
cárcel al hombre libre, para serlo,
y una atmósfera al cielo, y hierro al oro...
Mostrarem disciplina, olor, las fieras,
se pintare el enojo de soldado,
me dolieren el junco que aprendí,
la mentire que infectamé e socórreme...
Sucediere ello así y así poniéndolo,
con qué mano despertar?
con qué pié morir?
con qué ser pobre?
con que voz callar?
con cuánto comprender, y, luego, a quien?
No olvidar ni recordar
que por mucho cerrarla robáronse la puerta
y de sufrir tan poco estoy muy resentido,
y de tánto pensar, no tengo boca.
César Vallejo
segunda-feira, 24 de novembro de 2014
SEBASTIÃO SALGADO
(Sebastião Ribeiro Salgado Filho)
Aimorés, Minas Geraes, Brasil 1944
Nasceu na Vila de Conceição do Capim, e viveu sua infância
em Expedicionário Alicio.
Entre 1963 e 1967, cursa economia na USP Universidade de São Paulo. Casa-se com a pianista Lélia Delviz Wanick, e ambos se engajam no movimento contra a ditadura militar
(1964-1985), emigrando para Paris em 1969.
Salgado se iniciou na fotografia durante as suas viagens à África como secretário da Organização Internacional do Café.
Ele fez a sua primeira sessão de fotos com a Leica da sua
esposa. Fotografar o inspirou tanto que logo depois, em 1973, tornou-se independente. Em 1979, depois de passar
pelas agencias Sygma e Gamma, entrou para a Magnum.
Encarregado de uma série de fotos sobre os primeiros 100
dias do governo de Ronald Reagan, Salgado documentou
o atentado a tiros cometido contra o ex-presidente, em 30
de março de 1981, em Washington. A venda das fotos para jornais de todo o mundo lhe permitiu financiar uma viagem à África. Seu primeiro livro Outras Américas, sobre os pobres da América Latina, foi publicado em 1986, na sequencia publicou Sahel - O Homem em Pánico, resultado de uma
colaboração de 12 anos, com a ONG Médicos Sem Fronteiras, cobrindo a seca no Norte da África. Entre 1986
e 1992, concentrou-se na documentação do trabalho manual
em todo o mundo, publicado sob o nome Trabalhadores Rurais.
De 1993 a 1999, voltou sua atenção para o fenómeno global
de desalojamento de pessoas, que resultou en Éxodos
e Retratos de Crianças do Éxodo, publicado em 2000.
Na introdução de Éxodos, escreveu: "mais do que nunca, sinto que a raça humana é somente uma.
Há diferenças de cores, linguas, culturas e oportunidades,
mas os sentimentos e reações das pessoas são semelhantes. Pessoas fogem das guerras para escapar da morte, migram para melhorar sua sorte, constroem novas vidas em terras extranjeiras, adaptam-se a situações extremas..."
Em 2000, com o apoio da UNICEF, montou uma exposição
no escritório das Nações Unidas em Nova Iorque, com 90
retratos de crianças desalojadas, extraidos da série Crianças do Éxodo. Essas fotografias, prestam testemunho a 30 milhões de pessoas em todo o mundo, sem residência fixa, assim como o impacto dos conflitos armados sobre as
crianças.
Trabalhando com fotografias em preto e branco, o objetivo
de Salgado, é mostrar o significado do que está acontecendo com as pessoas, criando um conjunto de imagens que denunciam a violação da dignidade de toda a humanidade.
dados extraídos da Wikipédia
(Sebastião Ribeiro Salgado Filho)
Aimorés, Minas Geraes, Brasil 1944
Nasceu na Vila de Conceição do Capim, e viveu sua infância
em Expedicionário Alicio.
Entre 1963 e 1967, cursa economia na USP Universidade de São Paulo. Casa-se com a pianista Lélia Delviz Wanick, e ambos se engajam no movimento contra a ditadura militar
(1964-1985), emigrando para Paris em 1969.
Salgado se iniciou na fotografia durante as suas viagens à África como secretário da Organização Internacional do Café.
Ele fez a sua primeira sessão de fotos com a Leica da sua
esposa. Fotografar o inspirou tanto que logo depois, em 1973, tornou-se independente. Em 1979, depois de passar
pelas agencias Sygma e Gamma, entrou para a Magnum.
Encarregado de uma série de fotos sobre os primeiros 100
dias do governo de Ronald Reagan, Salgado documentou
o atentado a tiros cometido contra o ex-presidente, em 30
de março de 1981, em Washington. A venda das fotos para jornais de todo o mundo lhe permitiu financiar uma viagem à África. Seu primeiro livro Outras Américas, sobre os pobres da América Latina, foi publicado em 1986, na sequencia publicou Sahel - O Homem em Pánico, resultado de uma
colaboração de 12 anos, com a ONG Médicos Sem Fronteiras, cobrindo a seca no Norte da África. Entre 1986
e 1992, concentrou-se na documentação do trabalho manual
em todo o mundo, publicado sob o nome Trabalhadores Rurais.
De 1993 a 1999, voltou sua atenção para o fenómeno global
de desalojamento de pessoas, que resultou en Éxodos
e Retratos de Crianças do Éxodo, publicado em 2000.
Na introdução de Éxodos, escreveu: "mais do que nunca, sinto que a raça humana é somente uma.
Há diferenças de cores, linguas, culturas e oportunidades,
mas os sentimentos e reações das pessoas são semelhantes. Pessoas fogem das guerras para escapar da morte, migram para melhorar sua sorte, constroem novas vidas em terras extranjeiras, adaptam-se a situações extremas..."
Em 2000, com o apoio da UNICEF, montou uma exposição
no escritório das Nações Unidas em Nova Iorque, com 90
retratos de crianças desalojadas, extraidos da série Crianças do Éxodo. Essas fotografias, prestam testemunho a 30 milhões de pessoas em todo o mundo, sem residência fixa, assim como o impacto dos conflitos armados sobre as
crianças.
Trabalhando com fotografias em preto e branco, o objetivo
de Salgado, é mostrar o significado do que está acontecendo com as pessoas, criando um conjunto de imagens que denunciam a violação da dignidade de toda a humanidade.
dados extraídos da Wikipédia
domingo, 23 de novembro de 2014
Inglaterra 1931
Viajou muito desde criança, vivendo
uma existência sem raízes culturais
fixas. Iniciou-se na pintura com André
Lhote, em Paris, e prosseguiu seus
estudos no Art Students League, em
Nova Iorque. Estabelecida no Brasil
desde 1952, abandona a pintura em
1962 e dedica-se a fotografia.
Durante muitos anos fez fotojornalismo
para a famosa revista de Realidade,
o que lhe proporcionou a vivência com
os elementos da terra e do homem
brasileiros.
Publicou: A João Guimarães Rosa (1965)
Xingu / Território Tribal (1979)
Sertões / Luz e Trevas - sobre
"Os Sertões" de Euclides da Cunha (1982)
Dedica-se também a elaboração de filmes documentários.
a busca da correspondência entre a realidade, a literatura
e a fotografia, de que resultou este livro, é um de seus focos de interesse.
Viajou muito desde criança, vivendo
uma existência sem raízes culturais
fixas. Iniciou-se na pintura com André
Lhote, em Paris, e prosseguiu seus
estudos no Art Students League, em
Nova Iorque. Estabelecida no Brasil
desde 1952, abandona a pintura em
1962 e dedica-se a fotografia.
Durante muitos anos fez fotojornalismo
para a famosa revista de Realidade,
o que lhe proporcionou a vivência com
os elementos da terra e do homem
brasileiros.
Publicou: A João Guimarães Rosa (1965)
Xingu / Território Tribal (1979)
Sertões / Luz e Trevas - sobre
"Os Sertões" de Euclides da Cunha (1982)
Dedica-se também a elaboração de filmes documentários.
a busca da correspondência entre a realidade, a literatura
e a fotografia, de que resultou este livro, é um de seus focos de interesse.
Recife, Pernambuco 1920 - Rio de Janeiro, Brasil 1999
Desde jovem adotou a carreira diplomática, servindo
na Espanha, Inglaterra, Suíça, Paraguai e Senegal.
Foi influenciado pelo Surrealismo e pelo Cubismo,
preocupado em atingir uma objetividade não contaminada
pela espectativa do sentimental e do pitoresco, na qual
ele vê uma armadilha para a poesia. Em Barcelona, editou
Psicologia da Composição (1947), contra a "poesia dita profunda", e O Cão Sem Plumas (1950).
A imagem do rio Capibaribe como metáfora é o eixo deste
livro, e será retomado em O Rio (1954) e no poema Morte e Vida Severina (1956), formando um tríptico sobre a realidade nordestina, descrita através de substantivos descarnados
e imagens inusitadamente exatas.
Esse forte rigor semántico irá caracterizar toda a sua obra
como uma grande síntese crítica da realidade existencial,
geográfica, social, moral, e política brasileira.
Morte e Vida Severina, foi encenado na França pelo Teatro da Universidade Católica (TUCA), e ganhador do Grande Prêmio do Festival de Nancy.
Desde jovem adotou a carreira diplomática, servindo
na Espanha, Inglaterra, Suíça, Paraguai e Senegal.
Foi influenciado pelo Surrealismo e pelo Cubismo,
preocupado em atingir uma objetividade não contaminada
pela espectativa do sentimental e do pitoresco, na qual
ele vê uma armadilha para a poesia. Em Barcelona, editou
Psicologia da Composição (1947), contra a "poesia dita profunda", e O Cão Sem Plumas (1950).
A imagem do rio Capibaribe como metáfora é o eixo deste
livro, e será retomado em O Rio (1954) e no poema Morte e Vida Severina (1956), formando um tríptico sobre a realidade nordestina, descrita através de substantivos descarnados
e imagens inusitadamente exatas.
Esse forte rigor semántico irá caracterizar toda a sua obra
como uma grande síntese crítica da realidade existencial,
geográfica, social, moral, e política brasileira.
Morte e Vida Severina, foi encenado na França pelo Teatro da Universidade Católica (TUCA), e ganhador do Grande Prêmio do Festival de Nancy.
Foram os homens que nos levaram, Audalio Dantas
e eu, para a aldeia de Livramento no Estado da Parahyba
em julho de 1968.
Catadores de caranguejos saíam cedo na primeira luz,
levando suas canoas pelas águas grossas do estuário até
chegar no mangue - moradia, esconderijo e cemitério
marinho do caranguejo - emaranhado de estranhas populações de cabeças carapaças, unhas gordas, e obcenas
desempenhando precipitados lances na diagonal. Arrancados pelos homens da lama, lutam no espaço, mangue pingando mangue revoluteiam no ar.
Os homens sem luvas, pés amarrados com couro de boi
contra as lascas de conchas afundadas no chão,
dispersam-se pelos corredores do mangue apoiados
a raízes suspensas arqueadas em ogivais, nave inchada
e úmida de uma louca catedral. Fumaça de brasa acesa
sai das canecas que os homens levam para protegê-los
dos piuns que, volatizados em nuvem, comem a pele,
ferem o corpo e perturbam o olhar. O sol aparece suavemente, retido às folhas da vegetação. O cheiro de fumo, o cachimbo, a cabaça d'água, o chapeu de palha,
nos devolvem ao mundo, Livrados do mito desaparece
a visão infernal. Os espíritos se afastam. O homem descansa. Horas passam e as sombras entram pelos corredores do mangue. O mangue inteiro gargareja.
A umidade e o suor correm pelos corpos soltando-se
num único vapor.
Os caranguejos, amarrados a vara por fios de cipó,
testemunham o trabalho feito. Os homens, colocando
suas varas atravessadas nos ombros ensaiam o regresso.
Como marinheiros em terra firme, recobram o equilíbrio
após longo tempo no mar.
No entanto são as mulheres os fundamentos de nossa
história. Entrando em cena o sol caído, contornam o rio
perto do arraial. Cestas balanceadas na cabeça, ondulam
o corpo e pisam, seguras no paso - garças que passam
gritando alto, periquitos em bando grasnando no ar!
Corri atrás delas mal conseguindo seguir o seu ruidoso
rasto, cambaleando como um corpo sem alma, afundada
até a cintura na lama, para enfim chegar ao templo do seu
estar. Meninas, mulheres e velhas, com seus vestuários
de algodão ou de chita, deselegantes e escorridos,
subitamente transformadas em divindades pela lama -
faces polidas de pedra, revestidas das pregas movediças
do mar.
A menina de riso aberto, a beligerância da idade no olhar,
e a mulher de sorriso pálido permanecem imunes ao esforço
embrutecido da velha que, intocada e ausente a seu destino,
arrasta seu corpo gasto pelo chão.
Maureen Bisilliat
São Paulo - outubro de 1984
e eu, para a aldeia de Livramento no Estado da Parahyba
em julho de 1968.
Catadores de caranguejos saíam cedo na primeira luz,
levando suas canoas pelas águas grossas do estuário até
chegar no mangue - moradia, esconderijo e cemitério
marinho do caranguejo - emaranhado de estranhas populações de cabeças carapaças, unhas gordas, e obcenas
desempenhando precipitados lances na diagonal. Arrancados pelos homens da lama, lutam no espaço, mangue pingando mangue revoluteiam no ar.
Os homens sem luvas, pés amarrados com couro de boi
contra as lascas de conchas afundadas no chão,
dispersam-se pelos corredores do mangue apoiados
a raízes suspensas arqueadas em ogivais, nave inchada
e úmida de uma louca catedral. Fumaça de brasa acesa
sai das canecas que os homens levam para protegê-los
dos piuns que, volatizados em nuvem, comem a pele,
ferem o corpo e perturbam o olhar. O sol aparece suavemente, retido às folhas da vegetação. O cheiro de fumo, o cachimbo, a cabaça d'água, o chapeu de palha,
nos devolvem ao mundo, Livrados do mito desaparece
a visão infernal. Os espíritos se afastam. O homem descansa. Horas passam e as sombras entram pelos corredores do mangue. O mangue inteiro gargareja.
A umidade e o suor correm pelos corpos soltando-se
num único vapor.
Os caranguejos, amarrados a vara por fios de cipó,
testemunham o trabalho feito. Os homens, colocando
suas varas atravessadas nos ombros ensaiam o regresso.
Como marinheiros em terra firme, recobram o equilíbrio
após longo tempo no mar.
No entanto são as mulheres os fundamentos de nossa
história. Entrando em cena o sol caído, contornam o rio
perto do arraial. Cestas balanceadas na cabeça, ondulam
o corpo e pisam, seguras no paso - garças que passam
gritando alto, periquitos em bando grasnando no ar!
Corri atrás delas mal conseguindo seguir o seu ruidoso
rasto, cambaleando como um corpo sem alma, afundada
até a cintura na lama, para enfim chegar ao templo do seu
estar. Meninas, mulheres e velhas, com seus vestuários
de algodão ou de chita, deselegantes e escorridos,
subitamente transformadas em divindades pela lama -
faces polidas de pedra, revestidas das pregas movediças
do mar.
A menina de riso aberto, a beligerância da idade no olhar,
e a mulher de sorriso pálido permanecem imunes ao esforço
embrutecido da velha que, intocada e ausente a seu destino,
arrasta seu corpo gasto pelo chão.
Maureen Bisilliat
São Paulo - outubro de 1984
PAISAGEM DO CAPIBARIBE - I
A cidade é passada pelo rio
como uma rua
é passada por um cachorro;
uma fruta
por uma espada.
O rio ora lembrava
a língua mansa de um cão,
ora o ventre triste de um cão,
ora o outro rio
de aquoso pano sujo
dos olhos de um cão.
Aquele rio
era como um cão sem plumas.
Nada sabia da chuva azul,
da fonte cor-de-rosa,
da água do copo de água,
da água de cántaro,
dos peixes de água,
da brisa na água.
Sabia dos caranguejos
de lodo e ferrugem.
Sabia da lama
como de uma mucosa.
Devia saber dos polvos.
Sabia seguramente
da mulher febril que habita as ostras.
Aquele rio
jamais se abre aos peixes,
ao brilho,
à inquietação de faca
que há nos peixes,
Jamais se abre em peixes.
Abre-se em flores
pobres e negras
como negros.
Abre-se numa flora
suja e mais mendiga
como são os mendigos negros.
Abre-se em mangues
de folhas duras e crespos
como um negro.
Liso como o ventre
de uma cadela fecunda,
o rio cresce
sem nunca explodir.
Tem, o rio,
um parto fluente e invertebrado
como o de uma cadela.
E jamais o vi ferver
(como ferve
o pão que fermenta).
Em silêncio,
o rio carrega sua fecundidade pobre,
grávido de terra negra.
Em silêncio se dá:
em capas de terra negra,
em botinas ou luvas de terra negra
para o pé ou a mão
que mergulha.
Como às vezes
passa com os cães,
parecia o rio estagnar-se.
Suas águas fluíam então
mais densas e mornas;
fluíam com as ondas
densas e mornas
de uma cobra.
Ele tinha algo, então,
da estagnação de um louco.
Algo da estagnação
do hospital, da penitenciária, dos asilos,
da vida suja e abafada
(de roupa suja e abafada)
por onde se veio arrastando.
Algo da estagnação
dos palácios cariados,
comidos
de mofo e erva-de-passarinho.
Algo da estagnação
das árvores obesas
pingando os mil açúcares
das salas de jantar pernambucanas,
por onde se veio arrastando.
(É nelas,
mas de costas para o rio,
que "as grandes familias espirituais" da cidade
chocam os ovos gordos
de sua prosa.
Na paz redonda das cozinhas,
ei-las a revolver viciosamente
seus caldeirões
de preguiça viscosa).
Seria a água daquele rio
fruta de alguma árvore?
Por que parecia aquela
uma água madura?
Por que sobre ela, sempre,
como que iam pousar moscas?
Aquele rio
saltou alegre em alguma parte?
Foi canção ou fonte
em alguma parte?
Por que estão seus olhos
vinham pintados de azul
nos mapas?
João Cabral de Melo Neto
A cidade é passada pelo rio
como uma rua
é passada por um cachorro;
uma fruta
por uma espada.
O rio ora lembrava
a língua mansa de um cão,
ora o ventre triste de um cão,
ora o outro rio
de aquoso pano sujo
dos olhos de um cão.
Aquele rio
era como um cão sem plumas.
Nada sabia da chuva azul,
da fonte cor-de-rosa,
da água do copo de água,
da água de cántaro,
dos peixes de água,
da brisa na água.
Sabia dos caranguejos
de lodo e ferrugem.
Sabia da lama
como de uma mucosa.
Devia saber dos polvos.
Sabia seguramente
da mulher febril que habita as ostras.
Aquele rio
jamais se abre aos peixes,
ao brilho,
à inquietação de faca
que há nos peixes,
Jamais se abre em peixes.
Abre-se em flores
pobres e negras
como negros.
Abre-se numa flora
suja e mais mendiga
como são os mendigos negros.
Abre-se em mangues
de folhas duras e crespos
como um negro.
Liso como o ventre
de uma cadela fecunda,
o rio cresce
sem nunca explodir.
Tem, o rio,
um parto fluente e invertebrado
como o de uma cadela.
E jamais o vi ferver
(como ferve
o pão que fermenta).
Em silêncio,
o rio carrega sua fecundidade pobre,
grávido de terra negra.
Em silêncio se dá:
em capas de terra negra,
em botinas ou luvas de terra negra
para o pé ou a mão
que mergulha.
Como às vezes
passa com os cães,
parecia o rio estagnar-se.
Suas águas fluíam então
mais densas e mornas;
fluíam com as ondas
densas e mornas
de uma cobra.
Ele tinha algo, então,
da estagnação de um louco.
Algo da estagnação
do hospital, da penitenciária, dos asilos,
da vida suja e abafada
(de roupa suja e abafada)
por onde se veio arrastando.
Algo da estagnação
dos palácios cariados,
comidos
de mofo e erva-de-passarinho.
Algo da estagnação
das árvores obesas
pingando os mil açúcares
das salas de jantar pernambucanas,
por onde se veio arrastando.
(É nelas,
mas de costas para o rio,
que "as grandes familias espirituais" da cidade
chocam os ovos gordos
de sua prosa.
Na paz redonda das cozinhas,
ei-las a revolver viciosamente
seus caldeirões
de preguiça viscosa).
Seria a água daquele rio
fruta de alguma árvore?
Por que parecia aquela
uma água madura?
Por que sobre ela, sempre,
como que iam pousar moscas?
Aquele rio
saltou alegre em alguma parte?
Foi canção ou fonte
em alguma parte?
Por que estão seus olhos
vinham pintados de azul
nos mapas?
João Cabral de Melo Neto
PAISAGEM DO CAPIBARIBE - II
Entre a paisagem
o rio fluía
como uma espada de líquido espesso.
Como um cão
humilde e espesso.
Entre a paisagem
(fluía)
de homens plantados na lama;
de casas de lama
plantadas em ilhas
coaguladas na lama;
paisagem de anfíbios
de lama e lama.
Como o rio
aqueles homens
são como cães sem plumas
(um cão sem plumas
é mais
que um cão saqueado;
é mais
que um cão assassinado.
Um cão sem plumas
é quando uma árvore sem voz.
É quando de um pássaro
suas raízes no ar.
É quando a alguma coisa
roem tão fundo
até o que não tem).
O rio sabia
daqueles homens sem plumas.
Sabia
de suas barbas expostas,
de seu doloroso cabelo
de camarão e estopa.
Ele sabia também
dos grandes galpões da beira do cais
(onde tudo
é uma imensa porta
sem portas)
escancarados
aos horizontes que cheiram a gasolina.
E sabia
da magra cidade de rolha,
onde homens ossudos,
onde pontes, sobrados ossudos
(vão todos
vestidos de brim)
secam
até sua mais funda caliça.
Mas ele conhecia melhor
os homens sem pluma.
Estes
secam
ainda mais alem
de sua caliça extrema;
ainda mais alem
de sua palha;
mais além
da palha de seu chapeu;
mais além
até
da camisa que não têm;
muito mais além do nome
mesmo escrito na folha
do papel mais seco.
Entre a paisagem
o rio fluía
como uma espada de líquido espesso.
Como um cão
humilde e espesso.
Entre a paisagem
(fluía)
de homens plantados na lama;
de casas de lama
plantadas em ilhas
coaguladas na lama;
paisagem de anfíbios
de lama e lama.
Como o rio
aqueles homens
são como cães sem plumas
(um cão sem plumas
é mais
que um cão saqueado;
é mais
que um cão assassinado.
Um cão sem plumas
é quando uma árvore sem voz.
É quando de um pássaro
suas raízes no ar.
É quando a alguma coisa
roem tão fundo
até o que não tem).
O rio sabia
daqueles homens sem plumas.
Sabia
de suas barbas expostas,
de seu doloroso cabelo
de camarão e estopa.
Ele sabia também
dos grandes galpões da beira do cais
(onde tudo
é uma imensa porta
sem portas)
escancarados
aos horizontes que cheiram a gasolina.
E sabia
da magra cidade de rolha,
onde homens ossudos,
onde pontes, sobrados ossudos
(vão todos
vestidos de brim)
secam
até sua mais funda caliça.
Mas ele conhecia melhor
os homens sem pluma.
Estes
secam
ainda mais alem
de sua caliça extrema;
ainda mais alem
de sua palha;
mais além
da palha de seu chapeu;
mais além
até
da camisa que não têm;
muito mais além do nome
mesmo escrito na folha
do papel mais seco.
Porque é na água do rio
que eles se perdem
(lentamente
e sem dente).
Ali se perdem
(como uma agulha não se perde).
Ali se perdem
(como um relógio não se quebra).
Ali se perdem
como um espelho não se quebra.
Ali se perdem
como se perde a água derramada:
sem o dente seco
com que de repente
num homem se rompe
o fio de homem.
que eles se perdem
(lentamente
e sem dente).
Ali se perdem
(como uma agulha não se perde).
Ali se perdem
(como um relógio não se quebra).
Ali se perdem
como um espelho não se quebra.
Ali se perdem
como se perde a água derramada:
sem o dente seco
com que de repente
num homem se rompe
o fio de homem.
sábado, 22 de novembro de 2014
Na água do rio,
lentamente,
se vão perdendo
em lama; numa lama
que pouco a pouco
também não pode falar:
que pouco a pouco
ganha os gestos defuntos
da lama;
o sangue de goma,
o olho paralítico
da lama.
Na paisagem do rio
difícil é saber
onde começa o rio;
onde a lama
começa do rio;
onde a terra
começa da lama;
onde o homem,
onde a pele
começa da lama;
onde começa o homem
naquele homem.
Difícil é saber
se aquele homem
já não está
mais aquém do homem
ao menos capaz de roer
os ossos do ofício;
capaz de sangrar
na praça;
capaz de gritar
se a moenda lhe castiga o braço;
capaz
de ter a vida mastigada
e não apenas
dissolvida
(naquela água macia
que amolece seus ossos
como amoleceu as pedras).
João Cabral de Melo Neto
lentamente,
se vão perdendo
em lama; numa lama
que pouco a pouco
também não pode falar:
que pouco a pouco
ganha os gestos defuntos
da lama;
o sangue de goma,
o olho paralítico
da lama.
Na paisagem do rio
difícil é saber
onde começa o rio;
onde a lama
começa do rio;
onde a terra
começa da lama;
onde o homem,
onde a pele
começa da lama;
onde começa o homem
naquele homem.
Difícil é saber
se aquele homem
já não está
mais aquém do homem
ao menos capaz de roer
os ossos do ofício;
capaz de sangrar
na praça;
capaz de gritar
se a moenda lhe castiga o braço;
capaz
de ter a vida mastigada
e não apenas
dissolvida
(naquela água macia
que amolece seus ossos
como amoleceu as pedras).
João Cabral de Melo Neto
FÁBULA DO CAPIBARIBE
A cidade é fecundada
por aquela espada
que se derrama,
por aquela
úmida gengiva de espada.
No extremo do rio
o mar se estendia,
como camisa ou lençol,
sobre seus esqueletos
de areia lavada.
(Como o rio era um cachorro,
o mar podia ser uma bandeira
azul e branca
desdobrada
no extremo do curso
- ou do mastro - do rio.
Uma bandeira
que tivesse dentes:
que o mar está sempre
com seus dentes e seu sabão
roendo suas praias.
Uma bandeira
que tivesse dentes:
como um poeta puro
polindo esqueletos,
como um roedor puro,
um polícia puro
elaborando esqueletos,
o mar,
com afã,
está sempre outra vez lavando
seu puro esqueleto de areia.
O mar e seu incenso,
o mar e seus ácidos,
o mar e a boca de seus ácidos,
o mar e seu estômago
que come e se come,
o mar e sua carne
vidrada, de estátua,
seu silêncio, alcançado
á custa de sempre dizer
a mesma coisa,
o mar e seu tão puro
professor de geometria).
O rio teme aquele mar
como um cachorro
teme uma porta entretanto aberta,
como um mendigo,
a igreja aparentemente aberta.no rio
Primeiro,
o mar devolve o rio.
Fecha o mar ao rio
seus brancos lençóis.
O mar se fecha
a tudo o que no rio
são flores de terra,
imagem de cão ou mendigo.
João Cabral de Melo Neto
A cidade é fecundada
por aquela espada
que se derrama,
por aquela
úmida gengiva de espada.
No extremo do rio
o mar se estendia,
como camisa ou lençol,
sobre seus esqueletos
de areia lavada.
(Como o rio era um cachorro,
o mar podia ser uma bandeira
azul e branca
desdobrada
no extremo do curso
- ou do mastro - do rio.
Uma bandeira
que tivesse dentes:
que o mar está sempre
com seus dentes e seu sabão
roendo suas praias.
Uma bandeira
que tivesse dentes:
como um poeta puro
polindo esqueletos,
como um roedor puro,
um polícia puro
elaborando esqueletos,
o mar,
com afã,
está sempre outra vez lavando
seu puro esqueleto de areia.
O mar e seu incenso,
o mar e seus ácidos,
o mar e a boca de seus ácidos,
o mar e seu estômago
que come e se come,
o mar e sua carne
vidrada, de estátua,
seu silêncio, alcançado
á custa de sempre dizer
a mesma coisa,
o mar e seu tão puro
professor de geometria).
O rio teme aquele mar
como um cachorro
teme uma porta entretanto aberta,
como um mendigo,
a igreja aparentemente aberta.no rio
Primeiro,
o mar devolve o rio.
Fecha o mar ao rio
seus brancos lençóis.
O mar se fecha
a tudo o que no rio
são flores de terra,
imagem de cão ou mendigo.
João Cabral de Melo Neto
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